domingo, 2 de junio de 2013

CHRISTOPHE DEJOURS - PSICOLOGIA LABORAL - II CONFERENCIA

II CONFERENCIA de Dejours en Facultad de Psicología de Rosario: “El trabajo: entre la banalización del Mal y la Emancipación”, duración 01:10:24, traducción e interpretación: Marcela Gianni. Mayo 2013.
Ayer hablé sobre todo, de la relación subjetiva individual con el trabajo, y hoy voy a tratar de abordar, más específicamente, los problemas planteados por la relación entre lo individual y lo colectivo. Y abordar, entonces, una segunda dimensión, de la centralidad del trabajo. Exactamente voy a tratar de presentar, algunos elementos solamente, de lo que llamamos la centralidad política del trabajo. En el centro de la cuestión política, se encuentra siempre la cuestión de la violencia. Y lo que voy a tratar de discutir, es la manera en que el trabajo, es capaz de jugar un rol mayor en la conjugación de la violencia en la relación entre los seres humanos. La actitud a la violencia se encuentra en casi todos los seres humanos. Es solamente el gigantismo que puede alcanzar la violencia humana, si la comparamos con lo que observamos en el resto del mundo animal, es este gigantismo de la violencia lo que plantea un problema. La monstruosidad de la violencia humana, no encuentra sus orígenes en los residuos de animalidad, depositados por la filogénesis. Pero esta monstruosidad se basa por el contrario sobre lo que hay de más humano en el ser. A saber, lo sexual. Es la erotización lo que le permite al hombre, multiplicar al infinito su violencia y su brutalidad. Es por esto que Jean Laplanche, en su análisis de la violencia, introduce el concepto de pulsión sexual de muerte. Esto no proviene de la naturaleza sino de la cultura. Se tiene el poder de acrecentar cada vez más la violencia. Y tiene el poder de provocar masacres. Eso es entonces una paradoja de la cultura, el poder colocarse también en algunas situaciones, al servicio de la violencia. Es todavía cultura?, no es seguro, pero si es algo que tiene que ver, cuando no natural, y cuando mas artificial, que también tiene una relación con la técnica. Muchas técnicas han sido emitidas al servicio de la violencia, desde el origen de la humanidad. Pero la técnica sola, no es la civilización. Y no es la cultura. Y entonces, para tratar de comprender, a qué condiciones la técnica puede ser puesta al servicio de la cultura, hay que pasar por un análisis bastante complicado, que nos enviaría a un concepto de Freud que muchas veces pasó desapercibido que es el de “kultur arbeit”, es decir, el trabajo de cultura. La guerra como en los totalitarismos son producciones artificiales en las cuales se encuentra implicada la inteligencia. Ninguna configuración análoga se encuentra en otra parte del reino vivo. De manera que no podemos tener una concepción irenista[1]. Cualquiera que sea el enfoque disciplinario que se utilice, podemos confirmar que el hombre está profundamente propenso a la violencia. A la violencia en la esfera privada y a la guerra en la esfera social. Si admitimos estas premisas, entonces el problema teórico más que aportante, de lejos, no es el explicar la violencia, ni la aptitud a la violencia. Es exactamente lo contrario. La cuestión o la pregunta es la siguiente: Cuales son los recursos síquicos de los que necesita un sujeto para poder resistir al llamado de la violencia, cuando todo lo empuja a ceder a ella. Hubo en Francia un libro de Marie-France Hirigoyen[2] que lleva el título “Acoso Moral en el Trabajo”, que conoció un enorme éxito y que fue prácticamente traducido a todos los idiomas. Creo entonces que también debe haber sido conocido en la Argentina. Ella describe allí, en detalle, el goce del perverso que humilla, insulta, desestabiliza y empuja a su víctima a la descompensación psicopatológica. Y su descripción es justa. Pero como dije al principio en mi exposición, explicar el goce de hacer sufrir a otro como lo hace Marie-France Hirigoyen (09:39) no presenta ninguna dificultad y no presenta ningún misterio al psicoanalista. De manera que este libro pasa al lado del problema de fondo que plantea el acoso moral en el trabajo. En verdad el perverso que actúa en la esfera privada no puede continuar con su pequeño juego perverso sin el consentimiento de su víctima. Este consentimiento puede provenir del masoquismo, es bastante frecuente pero no necesariamente está en cuestión el masoquismo. En efecto hay otras fuentes de sumisión sicológica que no provienen del masoquismo, como la dependencia afectiva o las relaciones de dominación de género. Lo que le falta a este libro es, precisamente el hecho, que el acoso, cuando se hace en el trabajo, se despliega siempre en público, a la vista y a sabiendas de la mayoría, sino de todos. El poder del acoso viene, precisamente, de su publicidad y, por otra parte, es esto lo que hace de él un método, incluso una técnica. La técnica de la que hablaba recién. Y no es una disfunción aislada. Es un método que actualmente está dirigido como un verdadero método de gobierno de las empresas. El acoso entonces se ejerce contra una víctima pero es bajo la mirada de los otros, que saben, que ven y que se callan. Y por qué no reaccionan ellos? Por qué ellos no socorren a la victima? Por qué cuando la víctima va a encontrarse con sus colegas, ella los ve retirarse y fingir que no la ven. Por qué, incluso cuando se trata de un colega que ellos aprecian, se rehúsan a firmar el testimonio, testimonio escrito del que necesita el abogado o el jurista para poder defender a la víctima. Está perfectamente claro que contrariamente a lo que escribe Marie-France Hrigoyen, el acoso descrito en la empresa, no es nuevo ni reciente. Ha sido practicado en todo momento en el mundo del trabajo, desde la esclavitud hasta las líneas de montaje de automóviles. Lo que es nuevo hoy en día, cosa que no lo toma Marie-France Hirigoyen, ni la mayoría de los autores, lo que es nuevo entonces, es la desaparición de la solidaridad. Y si antes, todos los acosados no se enfermaban es porque el sentido de la justicia era compartido en una comunidad de sensibilidad y de indignación. Si hoy en día el acoso hace tales estragos psicopatológicos es primero y ante todo porque se trata de una patología de la soledad. O mejor aún, una patología de la desolación en el sentido que le da a este término Hannah Arendt, de quien ya hable ayer. En un libro que se llama “El Sistema Totalitario”, Hannah Arendt[3] introduce la noción de desolación, para distinguirla del aislamiento y de la soledad. Hay, entonces, tres términos: la solitude (soledad), isolation (aislamiento) y loneliness que es traducido por el término de desolación. Entonces cito a Hannah Arendt: “lo que nosotros llamamos aislamiento en la esfera política se llama desolación en la esfera de las relaciones humanas”. La desolación remite a la palabra soil que significa suelo: de-sola-cion. Es decir el borramiento, el ocultamiento, la huida del suelo, que sirve de fundamento a la vida en las relaciones humanas. Vuelvo a citar a Hannah Arendt: “Mientras que el aislamiento interesa únicamente al campo político de la vida, la desolación interesa a la vida humana en su totalidad. Lo que torna a la desolación, tan intolerable, es la pérdida del Yo que no puede ser confirmada, que no puede ser confirmado, el Yo, en su identidad, más que por la presencia confiable y digna de fe de mis iguales”. Es importante notar que estas palabras escritas por Hannah Arendt, mientras ella siempre cultivó una gran desconfianza contra el Psicoanalisis y sin embargo dice exactamente aquello de lo que estamos tratando de hablar aquí nosotros, a partir del Psicoanalisis, sobre las condiciones de posibilidad para el Yo, de perdurar, de persistir, en la vida común, ordinaria. La noción fundamental, la vamos a encontrar luego en que el Yo no depende solamente de mi, también depende de los otros, y este es un verdadero problema. Las solidaridades de la que hablamos no se disolvieron espontáneamente en el mundo que conocemos hoy en día. Se disolvieron bajo el efecto de estrategias precisas. Los métodos de management (gerenciamiento) utilizados para romper las solidaridades son, creo yo, extremadamente potentes, poderosos. Han sido identificados desde hace algunos años, y el principal de ellos, es la introducción de la evaluación individualizada de la performance (00:20:46), de la que hablamos un poco ayer. Pero incluso sino pasáramos por estos nuevos métodos para explicar la destrucción de las solidaridades, el estudio del acoso, en sí mismo, da bastantes claves para comprender el proceso en cuestión. Basta en efecto con que el acoso de la victima sea ofrecido a la mirada de los otros para que engendre toda una serie de efectos en cascada. El acoso, lo comprendemos ahora entonces, y evidentemente es importante. El acoso no apunta solo a la víctima, apunta fundamentalmente a los testigos. Dos interpretaciones psicoanalíticas de la obligación de obediencia de los testigos, pueden ser invocadas: la primera consiste en hacer referencia al goce, goce provocado o impuesto por el espectáculo del acoso, como en las películas pornográficas, espectáculo impuesto al espectador, que puede caer en una trampa, dejarse engañar, por su propio goce ante el sufrimiento infligido al otro. Y entonces él se convierte en cómplice. El goce constituye una trampa temible para no formarnos en colaboradores de la injusticia. Y este goce es fácil de desencadenar. Se basa en la sexualidad infantil sobre funciones parciales y el sadismo que están reprimidas en el consciente sexual de todos los seres humanos. La segunda explicación no va tan lejos, el consentimiento en esta hipótesis no se ha obtenido por medio del goce, sino por el miedo. El miedo que suscita esta demostración de poder. En el secreto, el miedo genera otra satisfacción diferente del goce, es la satisfacción de escapar a esta situación temible a cambio de la cual las buenas personas se convierten en testigos que no darán testimonio. Si nos inclinamos ahora hacia el tercer actor de la escena, es decir, el agresor, no ya los testigos ni la víctima, el tercero es el agresor. El agresor plantea un campo negro, desde el punto de vista sicoanalítico. Si todos los acosadores fueran perversos como dice Marie-France Hirigoyen, no habría ningún misterio en el reclutamiento de los malditos. En nuestra interpretación es falsa. Muchísimos cuadros de empresa necesitan formaciones específicas para el acoso. Dadas por psicólogos. Y entre ellos, entre estos cuadros, no hay solamente perversos, lejos de eso hay también entre la población de cuadros neuróticos que dudan. Pero como cuadro hay que mostrarse realista, eficaz, y sobre todo, valiente. Llegamos aquí al colmo de la inversión de la razón moral. Cuando el coraje consiste en mostrar su aptitud para infligir el sufrimiento a otro mientras que este otro es inocente y no tiene medios para defenderse. Si estas pocas observaciones sobre el acoso en el trabajo deben ser formuladas no es porque la colaboración con lo que uno reprueba fuera misteriosa, sino porque plantea problemas psicoanalíticos. Yo puedo por ejemplo reprobar la prostitución y el comercio de los niños y sin embargo ir al burdel y librar mis actos de pedofilia. Puedo reprobar el acoso en el trabajo y sin embargo dejarlo ocurrir ante mis ojos sin oponerme. Si soy perverso esto no va a tener ningún problema. No hago más que utilizar mi modo de funcionamiento habitual. Pero si no soy perverso es mucho más complicado. En este caso, el de las buenas personas, que designamos con el nombre de colaboradores, hay un resto. A diferencia de los perversos, las personas comunes tienen un sentido moral, y uno no hace lo que quiere con su sentido moral. El residuo del privarse forzado, por el entrenamiento al acoso en el trabajo, este residuo es importante. Consiste en el descubrimiento de que no soy dueño de mis acciones, que soy un traidor a mí mismo, y a mis ideales. Así, el conocimiento de mi propia cobardía, el sufrimiento que resulta de esta experiencia ante la cobardía, de la que ya dije algunas palabras ayer, se la llama por el nombre de sufrimiento ético.(00:30:42). Este sufrimiento ético es grave porque toca en el pleno corazón, la cuestión de la identidad, de ipseidad[4] y del narcisismo que provisoriamente consideraremos como un todo. El precio a pagar por el sufrimiento ético lo vemos a menudo desde hace algunos años en el mundo del trabajo, es el odio de si, la desesperanza. Es así como desde hace 15 años, aparecieron tentativas de suicidio e incluso suicidios logrados hasta en los lugares de trabajo. Entonces, como hacen los otros, los que no se preocupan, los que no se enferman, a causa de esta obligación de traicionarse a sí mismos. Como hacen entonces los otros, los que no se descompensan para mantener el clivaje y contener el sufrimiento ético en proporciones compatibles con la vida. El único camino que pudimos identificar pasa por el entumecimiento intencional del pensamiento para impedir el retorno del sufrimiento ético a la conciencia, cortarse de una parte de si, de una parte de su pensamiento, para anestesiarse. Es posible. En efecto, muchas estrategias han sido inventadas por los trabajadores y han podido ser actualizadas. Una de ellas, es la más común, consiste en ocuparse, sobrecargar el aparato síquico con un activismo profesional frenético, anestesiarse con el celo en la tarea. Concentrando la atención únicamente en la tarea, gracias a un activismo sostenido, dejar de pensar en las otras cuestiones. Para no pensar más uno se embrutece con el exceso de actividad pero no hay que detenerse. Es una estrategia costosa y poco sutil que se resume a una especie de agotamiento voluntario. Otras estrategias más sutiles, se han podido poner en evidencia. Ya han sido analizadas por la Psicología cognitiva y social experimental con el nombre de disonancia cognitiva con un autor que se llama Festinger[5] y son estudios que llevan ya 20 años, porque esto data de 1957[6]. En lugar de su propio pensamiento sobre todo lo que no concierne estrictamente a la tarea, entonces en la atención moral del trabajo, en la dimensión política del trabajo, en lugar de su propio pensamiento el sujeto recurre a un pensamiento prestado, que toma prestado. Es decir un conjunto de pensamientos, listos para emplear, provistos desde el exterior, por el imaginario social, por los medios de comunicación, o por la opinión pública. Hay estereotipos de esta manera, que se repiten constantemente por ejemplo en la globalización del mercado los funcionarios son mas perezosos y viven de renta, en la guerra económica, en el fin del trabajo, el estado providencia se terminó, los desempleados son aprovechadores. Todos estos son estereotipos para racionalizar y calmar la disonancia cognitiva. Es el punto de partida de lo que llamamos en psicopatología la racionalización secundaria. El problema que yo quería plantear es en los recursos síquicos que debe movilizar aquel que ya comenzó a colaborar para poder retirarse y retomar el pensamiento personal. Es evidente que uno no podía exigir de todo sujeto moral, que reconstituya por sus propios medios, en la soledad, contra la opinión general, vinculada por estos estereotipos. Entonces, que sea capaz el mismo, el solo, de reconstituir todos los eslabones intermedios de una crítica científica o racional de estos estereotipos con que nos llenan los oídos nuestros dirigentes y nuestros medios de comunicación. La vía podría ser la siguiente: consistiría en el hecho de que el sujeto, aun cuando las circunstancias lo empujan a esto, rehusaría a alejarse de su propia subjetividad y de negar su sufrimiento ético. No es que haga falta bajo pretexto de fidelidad a su subjetividad, (00:40:01) tener una confianza ciega en su subjetividad. Esto seria, evidentemente, insostenible. El inconsciente es demasiado astuto para que uno pueda en cualquier circunstancia que sea, creerse dueño de casa. Para retomar la expresión de Freud que dice que “el Yo no es dueño en su casa”. El inconsciente es entonces demasiado vivo, inteligente, para que se puedan hacer de estas señales afectivas de la subjetividad la base de una certeza sobre la verdad. El inconsciente es también muy capaz de sugerir la vía del goce y de la cobardía, como también la de la perversión o la del goce del poder y de la dominación. Es lo que el filosofo Derrida[7], en particular, estudió en el capítulo de La pulsión del poder o pulsión de dominación que son los dos términos por los cuales traducimos el termino de Freud, que acabo de decir. Lo que tratamos aquí de designar es el rechazo de suscribir una interpretación del mundo en estas circunstancias que estaría dado desde el exterior aun cuando está machacado sin cesar por los medios de comunicación, por las direcciones de empresas. Mientras esta interpretación que viene del exterior, esta interpretación del mundo, mientras no haya estado sometida al “tribunal de la subjetividad” (entre comillas). Hay aquí por supuesto una paradoja, con respecto a la tradición filosófica. Cómo, incluso psicoanalista, un autor se atreve a apelar a un tribunal de la subjetividad cuando toda la filosofía está definitivamente orientada en sentido inverso. A saber, someter las impresiones sensibles al tribunal del concepto. La respuesta cabe en una frase: “Es porque la subjetividad es la vida”. Pero la vida que designamos aquí no es la vida de los órganos ni la vida biológica. A lo que apuntamos es a la vida absoluta. Cito: “de esta manera, todo lo que lleva en sí, esta propiedad maravillosa de sentirse uno mismo, está vivo. Mientras que todo lo que se encuentra desprovisto de esto, no es más que la muerte. La piedra, por ejemplo no se siente a sí misma. Decimos que es una cosa. La tierra, el mar, las estrellas son cosas. Las plantas, los arboles, los vegetales en general son igualmente cosas, a menos que hagamos aparecer en ellos una sensibilidad, en el sentido trascendental. Es decir, esta capacidad de sentirse a sí mismo, sentirse, experimentarse a sí mismo que haría justamente, de estas plantas, seres vivos. No ya en el sentido de la biología sino en el sentido de una vida verdadera, que es la vida fenomenológica absoluta cuya esencia consiste en el hecho mismo de sentirse o de experimentarse a sí mismo y no es ninguna otra cosa. Lo que nosotros llamaremos aún, una subjetividad”. Es una cita extraída de Michel Henry que es un fenomenólogo. Esta extraído de un libro que se llama “La Barbarie”, que es un libro muy importante. Para reflexionar sobre las relaciones entre la cultura, el trabajo, el cuerpo, la subjetividad y o cultura o barbarie. Cuando se apela al tribunal de la subjetividad es para decir que desestimando la angustia que hacen nacer en mí el espectáculo del sufrimiento del otro, al mismo tiempo yo desestimo esta manifestación de la vida en mí. Esta angustia es la vida. Pertenece a la vida. Pensar con su subjetividad o dar derecho a la subjetividad en el pensamiento es la condición sine qua non para que un pensamiento honre la vida. Comenzando por la propia. Derogando lo que implica el escucha de mi subjetividad suelto la puerta, la soga de jalar, que podría evitarme caer del lado de la barbarie. Dónde comienza entonces la autonomía moral? Allí donde precisamente, rehusando tener a un procedimiento calmante, la racionalización del clivaje en la manera “de todas maneras no podemos hacer nada”, (00:50:00) decido soberanamente, no alejarme de mi subjetividad ni de mi mismo. Y entonces, la autonomía moral comienza cuando decido asumir esta angustia de pensar. Aun cuando yo sepa evidentemente que la solución a mi situación, la solución satisfactoria, no la conozco. Entonces es una angustia sin salida por lo menos durante cierto tiempo. Aquí surge el problema más difícil desde el punto de vista psicoanalítico. Sería entonces ilegitimo defenderse contra la angustia? Pensar con la subjetividad implica asumir el riesgo de ser infeliz y de sufrir. Sufrir no es el objetivo de la actividad del pensamiento, es el riesgo de la actividad del pensamiento. Si yo me deshago de esta angustia por el clivaje o, en el mejor de los casos, dejo hacer al mal, en el peor de los casos, gozo. En un caso como en el otro el clivaje es la puerta abierta al despliegue de la pulsión de muerte. A la inversa, luchar contra la pulsión de muerte pasa necesariamente por la transformación de esta angustia en exigencia de trabajo para el siquismo y esta exigencia de trabajo es muy particular, es la que consiste en per laborar el clivaje. La idea que yo trato de sostener consiste, bucea, en la metasicología de la pulsión de muerte. La pulsión de muerte no sería el resultado de la activación directa de un supuesto instinto animal residual en el hombre. La pulsión de muerte seria la consecuencia indirecta de una capitulación del tratamiento subjetivo. Capitulación en vista a restablecer el confort síquico por medio del clivaje. Como prima a un derecho al goce. Cuando este clivaje está amenazado, forma una angustia específica, la angustia que suscita en mí el encuentro con el sufrimiento del otro. Queda por saber de dónde puede proceder el deseo de esta angustia, preferentemente al confort del clivaje. Queda por saber, si es posible y en qué condición, que este riesgo de sufrir, se convierta en una chance, una ocasión de realización de sí. El hecho de sentirse un poco más libre, gracias al pensamiento, puede por una parte transformarse en placer? Convirtiéndose en encubrimiento de si? Y yo agregaría, amor de si? Dicho esto, aun cuando hacer de hecho, dar derecho a la voz de la subjetividad en sí, frente al sufrimiento del otro, cuando aceptar la voz de la subjetividad convertiría una carga muy pesada, aun en esta circunstancia no podría ella sola, bastar para orientar nuestra acción. La acción es una segunda etapa, de transformación de este sufrimiento. Pero para llegar a ella, a la acción y sobre todo al pensamiento de una acción nueva, esto no es posible mas que si esta angustia se transforma en exigencia de trabajo para el siquismo, en exigencia de transformarse a sí misma, para buscar las respuestas y el desafío de una situación que ahora es a la vez síquica y política. La autonomía moral subjetiva, es rara, poco frecuente. Continuar pensando solo cuando todos los demás piensan lo contrario, es una situación peligrosa para la subjetividad y para la salud mental. Los que son capaces de esta autonomía moral subjetiva, los que son capaces de mantenerse solos y de pie en la vida, son escasos. Se los llama héroes. Para la mayoría de los humanos comunes, como para mí, no somos capaces de continuar pensando solos. Tenemos para esto, necesitamos para esto, a los demás. Necesitamos pensar con los otros. Y producir un pensamiento crítico, gracias a esta discusión y a la deliberación colectiva, con los otros. Es con esta condición que podemos aun honrar la vida y no frenar  a la subjetividad como valor. Pero, he aquí, que el neoliberalismo constituye una verdadera amenaza para la deliberación colectiva y para la democracia y mas allá, para la subjetividad y para la vida, tal como lo comprendemos ahora. El neoliberalismo no es como la dictadura. La dictadura destruye la subjetividad utilizando la violencia y la tortura. El neoliberalismo no utiliza la violencia, no utiliza la tortura y no utiliza la deportación. Es entonces menos peligroso para la vida subjetiva, es menos peligroso que la dictadura. Pero cuidado, de todas maneras. No hay que subestimar el peligro, sin embargo, del neoliberalismo. Porque el neoliberalismo encontró una vía de lo que podríamos llamar la banalización del mal. O la banalización de la injusticia social. El neoliberalismo no prohíbe el debate político, no lo prohíbe directamente, pero lo ataca indirectamente. Específicamente, pasando por el trabajo. Los nuevos métodos de organización del trabajo puestos en marcha por el neoliberalismo, particularmente en la evaluación individualizada de la performance, pero también en la calidad total y también en tercer lugar la precarización del empleo. Todos estos nuevos métodos apuntan específicamente a la destrucción del colectivo, de la cooperación, del vivir en común, juntos, en la empresa, en el terreno del trabajo. Pero la evaluación individualizada de la performance, no solamente divide a los seres humanos sino que también los levanta sistemáticamente unos contra otros. Genera desconfianza, deslealtad, cada uno para sí, y el individualismo sin límites. En perjuicio del bien común. Y cuando en el trabajo aprendemos a ser desleales con nuestros propios colegas, entonces seguimos siendo desleales fuera del trabajo, en la esfera social y política, fuera de la empresa. Eso es lo que llamamos la centralidad política del trabajo. Otra dimensión de la centralidad que se diferencia de la primera dimensión, de la que hable ayer, era la centralidad del trabajo con respecto a la salud mental y en la realización de sí, en la sublimación. La centralidad política del trabajo viene del hecho de que todo método de organización del trabajo, es al mismo tiempo un método de dominación. Siempre es así. Con Taylor, con Ford, en el sistema japonés, por qué no, y en el toyotismo y en los nuevos métodos de organización de trabajo de hoy en día. El mundo de trabajo es el lugar principal de experimentación de la dominación del que se apoderó precisamente el neoliberalismo. Y de manera sistemática, pasando por el trabajo, el neoliberalismo destruye las dinámicas de construcción de colectivos e instala una terrible soledad, de la que acabamos de hablar, la desolación. El neoliberalismo procede entonces de una manera diferente a la dictadura pero su poder es considerable para la mayoría de los seres humanos que no son héroes, no llegamos a mantener nuestra identidad ni nuestra subjetividad solamente por nosotros mismos. Necesitamos un punto común, el mundo abierto a la pluralidad de los hombres, es un concepto de Hannah Arendt que retoma de Platón. Necesitamos entonces este mundo común y la confrontación libre con los demás para poder mantener y desarrollar nuestra propia subjetividad y nuestra propia vida. Y este mundo común es primero y ante todo el mundo del trabajo. Gracias al trabajo podemos aprender lo mejor, la actividad deóntica de la que hablaba ayer, es decir la actividad de producción de reglas, que también es un aprendizaje fundamental de la democracia y de la solidaridad. Y no hay muchas alternativas de trabajo para aparecer a escala de un pueblo el aprendizaje complicado de la democracia. Pero si en el trabajo, sino ponemos suficiente atención también podemos aprender allí lo peor: la deslealtad, la traición al otro, la traición de sí mismo, la instrumentalización de los seres humanos y la cobardía. Entonces no hay ninguna fraternidad en el despliegue del neoliberalismo. Pero no hay que equivocarse, para luchar racionalmente contra el neoliberalismo es, en el mundo del trabajo, es verdaderamente en el mundo del trabajo, porque es allí donde ocurre, es en el mundo del trabajo donde hay que atacar al neoliberalismo. Y para poder vencer al neoliberalismo no hace falta solamente voluntad hay que tener también esta herramienta, es decir, que hay que poder manipular teorías y conceptos que permitan pensar rigurosamente las relaciones entre subjetividad y cooperación, por un lado, y las relaciones entre trabajador común, sublimación y civilización, por el otro lado. Merci beacoup. (Aplausos). (1:10:01) https://www.youtube.com/watch?v=ZBc_KhXV2dg




[1] irenismo.
1. m. Esp. Actitud pacífica y conciliadora. Actitud contemporizadora.

[2] Marie-France Hirigoyen (Francia, es una médico psiquiatra, psicoanalista y psicoterapeuta de familia especializada en la terapia del acoso moral o acoso psicológico.
[3] Hannah Arendt, llamada Johanna Arendt (Linden-Limmer, Hannover, Alemania, 14 de octubre de 1906  Nueva York,Estados Unidos, 4 de diciembre de 1975), fue una filósofa política alemana de origen judío, una de las más influyentes del siglo XX.1 La privación de derechos y persecución en Alemania de personas de origen judío a partir de 1933, así como su breve encarcelamiento ese mismo año, contribuyeron a que decidiera emigrar. Trabajó, entre otras cosas, como periodista y maestra de escuela superior y publicó obras importantes sobre filosofía política; Arendt defendía un concepto de «pluralismo» en el ámbito político. Gracias al pluralismo, se generaría el potencial de una libertad e igualdad políticas entre las personas. Como fruto de estos pensamientos, Arendt se situaba de forma crítica frente a la democracia representativa y prefería un sistema de consejos o formas de democracia directa. Precisamente gracias a su pensamiento independiente, la teoría del totalitarismo (Theorie der totalen Herrschaft), sus trabajos sobre filosofía existencial y su reivindicación de la discusión política libre, tiene Arendt un papel central en los debates contemporáneos
[4] mismidad. 1. Fil.Condición de ser uno mismo.2.Fil.Aquello por lo cual se es uno mismo.3.Fil.Identidad personal.

[5]Cognitive Dissonance Theory (Fessinger). Festinger (1957) extended balance theory, which focused on perceptions of the external world, to include consistency in self-perception, or one's internal world.


[6] Aparentemente, hay acá un error en la cuenta del tiempo. El concepto fue formulado por primera vez en 1957 por el psicólogo estadounidense Leon Festinger en su obra A theory of cognitive dissonance, por lo tanto los estudios llevarían unos 56 años.[Nota de quien desgraba].
[7] Jacques Derrida (El-Biar, Argelia francesa 15 de julio de 1930 - París, 8 de octubre de 2004), ciudadano francés nacido en Argelia, es considerado uno de los más influyentes pensadores y filósofos contemporáneos. Su trabajo ha sido conocido popularmente como pensamiento de la deconstrucción, aunque dicho término no ocupaba en su obra un lugar excepcional. Lo revolucionario de su trabajo ha hecho que sea considerado como el nuevo Immanuel Kant por el pensador Emmanuel Lévinas y el nuevo Friedrich Nietzsche, según Richard Rorty. Es, acaso, el pensador de finales del siglo XX que más polémicas ha levantado, por su iconoclasia y por su empeño crítico. En cierta medida, logró realizar el sueño nietzscheano del filósofo-artista. 

CHISTOPHE DEJOURS - PSICOLOGIA LABORAL - I CONFERENCIA

Conferencia de Christophe Dejours sobre “Sublimación: entre el placer y el sufrimiento del trabajo”, en Facultad de Psicología de la UNR. Mayo 2013.
Buenas tardes a todos y todas. (Habla Esteban Fridman, Secretario de Extensión de la Facultad de Psicología, Rosario). Estamos muy contentos de estar hoy aquí contando con la posibilidad de escuchar e intercambiar ideas con Christophe Dejours a quien agradecemos profundamente que pueda estar estos días aquí en Rosario en nuestra Facultad. Como ustedes saben Christophe Dejours es psiquiatra y psicoanalista, profesor del Conservatorio Nacional de Artes y Oficios y Director del Laboratorio de Psicología del trabajo, en Francia. Esta actividad la enmarcamos en una apuesta política que intenta producir debates que consideramos necesario dar en la universidad pública. Desde el equipo de gobierno de la Facultad, hacemos propia la consigna creada por el movimiento estudiantil en los años ’90: “No hay excelencia académica sin compromiso social”. Y es en este sentido que consideramos muy importante lo que podamos aprender y debatir durante estos tres días. Nuestra universidad pública aun tiene el formato, hasta legal, de una producción de conocimientos mercantilizada y elitista producto de las avanzadas que el neoliberalismo produjo sobre ella. Y de ahí que sea tan difícil romper el esquema de la universidad aislada de los problemas sociales de las mayorías. En un mundo donde aun se escuchan tesis del tipo sobre el fin del trabajo, la producción de Dejours nos permite resituar la centralidad del mismo. Entendemos que esto es estratégico para quienes nos asumimos como parte de esa mayoría de mujeres y hombres que pertenecemos a la clase que vive del trabajo. Esa mayoría que provocará la igualdad como nos decía hace unos días el Rector de la Universidad Nacional de Rio Cuarto, Marcelo Ruiz, al conmemorarse un nuevo aniversario del Primero de Mayo. En un mundo en crisis y ante las transformaciones en la organización del trabajo que siendo una tecnología de dominación, que históricamente sirven de modelos para las nuevas formas de organización de nuestra sociedad y que han producido profundas transformaciones en la subjetividad, Dejours hace trabajar al Psicoanalisis, en el sentido laplanchiano, que no es, como decía, el mismo, solamente re trabajar, desmontar, disponer de otra manera. Es sin duda, hacer reaccionar algo, agudizar sus contradicciones para hacer rendir el alma de esas contradicciones. Hace un tiempo leíamos un texto muy breve de Dejours llamado Laplanche, psicoanalista donde comienza diciendo que por un guiño del destino Jean Laplanche murió un 6 de mayo en Dijon, el día del nacimiento de Freud. Como hoy justamente es 6 de Mayo, a un año de la muerte de Laplanche, vaya nuestro reconocimiento y el compromiso de hacer trabajar la obra, despojándonos de los dogmas y sus modas especiales y comprometidos con el desafío de aportar herramientas para aliviar el sufrimiento humano. Antes de dejarlos con Dejours quisiéramos agradecer a la Embajada de Francia y a los compañeros de la revista y editorial Topia por haber posibilitado esta actividad. A Diana Tabaccó (corregir), a Mario López, a Cecilia Grecca por ayudarnos con la traducción durante todo el día. Y a Marcela Gianni que tiene la compleja tarea de interprete. Los dejamos con Dejours y lo que tenemos pensado es un esquema, el va a desarrollar su conferencia, hacemos un break, un corte de unos 10/15 minutos y volvemos para las preguntas y el debate que se pueda dar. Asique bueno, bienvenidos y gracias a todos por su presencia. (Aplausos).
Quisiera primero agradecerles por haber organizado esta reunión en esta Universidad tan prestigiosa, la primera Universidad de Psicología en Argentina. Quisiera saludar en esta ocasión a la señora Decana que está aquí adelante. También quería agradecer a Esteban (Fridman) que nos recibió muy cálidamente, hoy. Ya empezamos a trabajar al principio de la tarde. También quisiera agradecer a… (a mi)… (Marcela Gianni) (Risas). Que va a trabajar y a quien voy hacer sufrir… (Risas). Pero antes de empezar una palabra más, quisiera saludar la memoria de Silvia Bleichmar que formó parte del entorno cercano de Jean Laplanche y con quien tuve la oportunidad de trabajar varias veces en España. Allí hacíamos reuniones con toda la comunidad internacional, interesados específicamente por los trabajos de Laplanche. La clínica del trabajo de la que voy a hablar esta noche, se desarrolló en Francia, primero, entre las dos guerras. Pero sobre todo al final de la guerra y en los años siguientes, con el nombre de Psicopatología del trabajo. Lo nuevo de esta clínica a partir de los años ’80, consecutivamente a ciertos trabajos de investigación, que resultan del encuentro entre el Psicoanalisis y otra disciplina que se llama Ergonomía, que es una disciplina que se consagra, específicamente a la esfera del trabajo y a las relaciones entre el trabajo y el ser humano. Más bien, en las dimensiones fisiológicas, en el campo de lo que llamamos condiciones de trabajo y un poco menos sobre las cuestiones de las que vamos a hablar esta tarde. Y que justamente, los límites de la Ergonomía del lado de la salud mental, un debate que comenzó en los años ’70. Y de allí emergió la nueva clínica del trabajo. Entonces, al principio, solo nos interesábamos por las patologías ocasionadas por las repeticiones y las limitaciones del trabajo pero, poco a poco, el campo se amplió mas allá de las enfermedades mentales, para dedicarse a la investigación de los recursos síquicos movilizados por los hombres y las mujeres que en su gran mayoría no se enferman, a pesar de los efectos deletéreos[1] de las restricciones del trabajo. Entonces, esta mayoría, es la que está dentro de la normalidad. Es la normalidad misma la que se convierte en enigmática. Cómo hacen para no enfermarse, y es así como se descubrieron estrategias de defensa contra el sufrimiento en el trabajo. Y en particular se puso en evidencia la construcción de defensas por el colectivo de trabajo. Entonces, estrategias colectivas de defensa que no se conocían hasta ese momento en Psicoanalisis. Y estas estrategias de defensa son extraordinarias, son muy numerosas y se ajustan muy bien a cada situación de trabajo. No voy a insistir sobre esto. Porque después de la patología, después de la normalidad, luego nos interesamos por las condiciones especificas, que permiten a veces, acceder al placer en el trabajo. Incluso a la construcción de la salud mental, gracias al trabajo. En razón de la expansión progresiva del campo de la clínica del trabajo, una nueva creación fue propuesta en 1992 que es, la psicodinamica del trabajo, para reunir todas estas investigaciones que van desde el sufrimiento hasta el placer en el trabajo, desde las patologías mentales hasta el desarrollo de sí mismo por el trabajo. Esta clínica es de una gran riqueza y de extrema diversidad. Y además es una clínica evolutiva porque el mundo de trabajo cambia y la clínica también cambia. Porque las defensas se deben ajustar a las nuevas formas de organización que aparecen, con la evolución de las modalidades de organización del trabajo. Es entonces un campo clínico inmenso cuya descripción no terminaría nunca, entonces, ustedes tienen trabajo delante de ustedes. La psicodinamica de trabajo no es solamente una disciplina clínica, también es una teoría centrada sobre el análisis de la Etiología, es decir de los procesos que causan la aparición del sufrimiento en las patologías, tanto como, en la formación del placer o de la salud en el trabajo. Porque es muy complicado comprender, por qué el trabajo se puede convertir en un mediador de la salud mental. Una de las tesis principales de esta teoría se formuló bajo el nombre de centralidad del trabajo para la subjetividad. Durante mucho tiempo fue ignorado, incluso, dejado de lado en el Psicoanalisis. Esta Psicodinámica de Trabajo se desarrolló sobre todo gracias a la confrontación con otras disciplinas que no son entonces del Psicoanalisis. La Ergonomía, primero, la Medicina del Trabajo, después, en un segundo momento, la Sociología, sobre todo con dos ramas de la Sociología, la Sociología de Ética y la Sociología de la división sexual del trabajo. Digamos, Sociología de género para hablar un poco un lenguaje más contemporáneo. Luego la confrontación se hizo con la Antropología y luego con la Filosofía sobre todo con la Fenomenología, mas precisamente con la Fenomenología de Michel Henry que viene luego de Maurice Merleau-Ponty. Esta es una rama de la Filosofía, la otra rama es con la escuela de Frankfurt. Donde hay un debate prolongado que comenzó hace más o menos diez años. Y más recientemente, la Psicodinámica del Trabajo que está en confrontación con el Derecho, porque el Derecho también debe evolucionar para integrar las nuevas preguntas o cuestiones planteadas por la salud mental del trabajo. Que preocupaba a los juristas hasta una época reciente. Y aun más recientemente, se abrió una investigación científica entre Psicodinámica de Trabajo y Economía. Entonces, toda esta discusión interdisciplinaria, se realizó más o menos durante 30 años, clínicos psicoanalistas. Recién, desde hace dos años, por lo tanto es muy reciente, las escuelas de Psicoanalisis, se abren a la cuestión del trabajo. En Francia primero pero también en diferentes capitales europeas, en Canadá, en Brasil, y tal vez también, en Argentina. Esta nueva coyuntura esta sin duda en relación con el hecho de que hoy en día muchos psicoanalistas reciben pacientes cuya situación inicial tiene que ver específicamente con el sufrimiento en el trabajo. Entonces como dar lugar a una problemática de trabajo cuando se vaya, cuando uno toma como punto de partida, el corpus del método psicológico freudiano. Para responder a esta pregunta, lo mejor sin duda es comenzar, por el análisis de aquello que en el trabajo, convoca a la subjetividad. Una de las guías posibles es examinar lo que la Psicodinámica de Trabajo, después de este largo camino de 30 o 40 años, podría aportar a la teoría de la Sublimación, en la etapa en la que Freud la dejó. Entonces voy a entrar en este tema mismo comenzando por este punto preciso que en la tradición se opone corrientemente: el trabajo de concepción por un lado, al trabajo de ejecución por el otro lado. El trabajo de concepción pasa como más noble que el trabajo de ejecución que sería simple y vil. Esta distinción entre ambos no es falsa, pero hay que subrayar, que en realidad no existe trabajo de ejecución si, por este término, queremos designar una actividad organizada por una estricta obediencia a prescripciones formuladas por los ingenieros de concepción. Todos los que trabajan giran alrededor del reglamento, no siguen las reglas de procedimiento, transgreden las órdenes y mienten o engañan o hacen trampa con las consignas. Nadie respeta las órdenes, en ninguna parte. No solamente por un gusto inmoderado de resistencia o desobediencia, pero también las personas engañan o hacen trampa mas corrientemente para hacer bien las cosas. Y esto porque el trabajo concreto no se presenta nunca exactamente como lo prevén los conceptores y los organizadores. Siempre hay imprevistos, desperfectos, disfuncionamientos, incidentes, en todo trabajo. Lo que está prescripto, lo que llamamos en economía la tarea, (tarea, tarea, repite Dejours y hay risas), lo que hacen los trabajadores, concretamente es diferente de la tarea, y es lo que llamamos la actividad. Trabajar en resumen es ajustar constantemente, adaptar, hacer bricolaje[2], manualidad, (rebuscárselas con manualidades). Aquel que no sabe engañar o a hacer trampas o que no se anima, es mal profesional, porque aquel que se limita a la ejecución estricta de las prescripciones y a las ordenes, no hace otra cosa que lo que llamamos huelga de celo o trabajo a reglamento. Entonces si las personas son obedientes, ninguna empresa, ninguna taller, ninguna organización, puede funcionar si las personas se limitan a la ejecución de los procedimientos oficiales. Incluso un ejército donde los hombres respetaran u obedecieran las ordenes simplemente, sería un ejército vencido. En el Ejército, se dice, no hay que obedecer solamente las órdenes, hay que interpretar las órdenes. Es decir, hay que ser transversal. Si los enfermeros no ejecutaran rigurosamente las ordenes de los médicos, habrían muchas más muertes en los hospitales, lo que justamente ellos evitan gracias a su celo. De este enfoque del trabajo por medio de la Ergonomía, en la clínica de trabajo, aparece que el trabajo es lo que hay que inventar y agregar de uno mismo, a las prescripciones, para que funcione. Este celo del que hablamos no es otra cosa que lo que llamamos el trabajo vivo. Ninguna organización puede privarse de esto. El trabajo vivo es un término que hemos repatriado en Psicodinámica de Trabajo, que había sido propuesto por Marx en sus primeros trabajos de filosofía que estaban dedicados precisamente al estudio del trabajo. Lo que llamamos el joven Marx, sobre a todo a partir de unos manuscritos de 1844, que también se llaman los Manuscritos de Paris, porque fueron redactados en Paris. Lo que Marx decía a propósito del trabajo era que el trabajo es vivo, individual y subjetivo. Los tres términos son de Marx. No sabíamos que Marx se había interesado verdaderamente en las relaciones entre subjetividad y trabajo, porque la herencia marxista olvidó un poco las primeras investigaciones de Marx, del Marx filósofo. Entonces de este enfoque del trabajo desde la Ergonomía y la Clínica de Trabajo, surge que el trabajo se presenta a nosotros fundamentalmente como un enigma, para ustedes como para mí. El propio trabajo de ustedes es un enigma para ustedes. Y mi propio trabajo es un enigma para mí. Que hay que agregar a las prescripciones para que eso funcione? Nunca lo sabremos por anticipado y en gran número de casos hay que intentar francamente las soluciones. Entonces aparece la pregunta: sobre la naturaleza de la inteligencia, está convocada aquí en el trabajo vivo. Cuáles son sus resortes sicológicos. Es la razón de este compromiso de la Subjetividad, en el celo, que el trabajo no puede nunca ser neutro con respecto al yo y con respecto a la salud mental. Puede generar lo mejor y lograr que en algunos casos el trabajo se convierta en un mediador esencial en la construcción de la salud. Pero también puede generar lo peor y conducir a una enfermedad mental descompensada. En otras palabras, el trabajo no puede ser considerado como un entorno. Eso, el trabajo como entorno, el trabajo como decoración en ese escenario, proviene de teorías muy diferentes, de concepciones muy diferentes a las nuestras, y sobre todo son las que dominan el mundo científico, a saber las concepciones del stress en el trabajo. De lo que yo les hablo esta noche es muy diferente del estrés, el trabajo no es un entorno, el trabajo penetra dentro de la subjetividad hasta lo más profundo de uno mismo y es por eso que el conocimiento del trabajo, del trabajo vivo, es tan importante para el Psicoanalisis. El trabajo vivo es lo que el sujeto debe agregar a las prescripciones para llegar a los objetivos. Siempre hay incidentes, como ya les dije, disfuncionamientos, incluso en una central nuclear, donde podemos creer que es una tecnología bien dominada, bien controlada, pero cuando ustedes estudian el trabajo real descubren que la central nuclear no funciona como estaba previsto. Todo el tiempo hay incidentes y felizmente que hay seres vivos que producen trabajo vivo para impedir los accidentes nucleares, frente a los acontecimientos inesperados, imprevistos. Hay muchas fuentes de disfuncionamiento en el trabajo ordinario, contra ordenes que vienen de la jerarquía, tampoco eso estaba previsto. Perturbaciones que provienen demandas surgentes, formuladas por terceros. La falta o la falla de los colegas con respecto a aquello a lo cual se habían comprometido, en las actividades de servicio, que son cada vez más numerosas. También disentimientos del último minuto. Todas estas anomalías, todos estos imprevistos es lo que llamamos lo real del trabajo. Lo real, es lo que se da a conocer a quien trabaja por su resistencia al dominio, al control. Hay entonces una paradoja, es en el momento en que ya no funciona más, en el momento que mi técnica no funciona más, que entonces justamente estoy frente a lo real. Entonces, lo real, la experiencia de lo real del mundo, se hace conocer primero, a la manera del fracaso. Esto también es inhabitual en los teóricos. Trabajar es ante todo fracasar, y es en ese momento cuando hay que volverse inteligente y desarrollar el trabajo vivo. Pero la experiencia del fracaso es fundamentalmente una experiencia afectiva. Sorpresa, desagrado, molestia, irritación, decepción, cólera, sentimientos de impotencia, desaliento. Todos estos sentimientos forman parte integrante del trabajo. Son incluso la materia prima fundamental del conocimiento del mundo. Es entonces, primero, afectivamente, que lo real del mundo, se revela al sujeto que trabaja. Por lo tanto la experiencia subjetiva es primera. Antes de todo conocimiento del mundo está la subjetividad. La objetividad viene siempre en segundo lugar. Esto también es una inversión de las concepciones clásicas en la filosofía del conocimiento. Si evitamos la subjetividad no puede haber nuevos conocimientos en el mundo. Por lo tanto no hay que dejar de lado la subjetividad. Por el contrario hay que estudiarla. Por lo tanto la experiencia de lo real es una experiencia afectiva lo cual quiere decir, por el contrario, que aquel que es insuficientemente sensible, inevitablemente es torpe. Rompe las maquinas, porque no sabe sentir, afectivamente, cuando la maquina tiene dificultades. El médico que no es suficientemente sensible y que entonces, es torpe, desestabiliza al enfermo porque no sabe reconocer afectivamente la angustia del otro. Para encontrar afectivamente lo real y entonces, para conocer el mundo, hay que tener un cuerpo primero. Porque con el cuerpo se sienten los afectos. Trabajar es entonces primeramente, fracasar. Luego es mostrarse capaz de soportar el fracaso. Tratar otros modos, volver a fracasar. Volver a la obra, no abandonarla. Pensar en ella fuera del trabajo. Aceptar de alguna manera cierta invasión por la preocupación de lo real y de su resistencia, hasta dentro del espacio privado. Como los jóvenes psicoanalistas, por ejemplo. Que hablan incansablemente y en toda circunstancias de Psicoanalisis, de las dificultades prácticas, y de los sujetos que ellos encuentran. Entonces, de la misma manera, dejó el ingeniero de mantenimiento de una central nuclear, debe aceptar dejarse habitar todo el día por la central nuclear. Trabajar no es solamente fracasar, es entonces también ser capaz de resistir tanto tiempo como sea necesario para encontrar la solución, permitiendo sobrepasar lo real. En realidad esta resistencia al fracaso, es el momento decisivo. En que para encontrar la solución hay que aceptar de entrada una verdadera intimidad con la resistencia de lo orgánico. Hay que hacer cuerpo con lo real. Y podemos mostrar que el enigma de lo real, que se presenta en todo trabajo, necesita primero ser apropiado por el cuerpo. Encontrar la solución que conviene es imposible sin formación previa de una familiaridad subjetiva y afectiva entre el cuerpo y lo real. Esto que el filosofo Michel Henry[3] teorizó con el concepto de la corpropiacion del mundo (corpropiar/cuerpropiacion), apropiarse con el cuerpo, en una sola palabra. Esta cuerpopriacion no es solamente cognitiva, lo esencial de su genio se juega en el cuerpo a cuerpo con lo real. Al final de cuentas cada nueva configuración de lo real, encontrada en el trabajo, obliga al trabajador, a formar en si mismo nuevas habilidades que no poseía antes. De manera que el trabajo entendido como trabajo de producción, (en griego es [fonéticamente]: poiesis), para que sea un trabajo de calidad convocan a la subjetividad hasta sus partes más intimas. Cada nueva habilidad es, de hecho, el resultado, de una elaboración de la experiencia subjetiva del cuerpo relacionada con lo real. Es el cuerpo que confiere a la inteligencia, su genio. Así, el trabajo de producción (poiesis) se transforma gracias a la resistencia, en, pongo comillas “exigencia de trabajo”, en alemán “Anforderung der Arbeit”. Se transforma entonces en exigencia de trabajo impuesta al siquismo por sus relaciones con el cuerpo. Y es bueno poner las comillas. Es la definición de la pulsión por Freud en 1915. En léxico freudiano, llena, completa, con distintas ocurrencias del término Arbeit. Arbeit quiere decir trabajo, Arbeiten quiere decir trabajar. El trabajo poiesis implica en un segundo tiempo un trabajo de uno sobre uno que ya no es poiesis pero que es Arbeit en sentido freudiano. Ese término Arbeit (pronuncia varias palabras en alemán, acompañadas de “arbeit”), aparece en todas estas expresiones, en muchas ocurrencias. Y es este segundo trabajo, de uno sobre uno, que de hecho es un trabajo que nos obliga a modificar la relación que tenemos con nuestro propio cuerpo, hasta el punto de poder habitar su cuerpo de otra manera diferente de la que lo habitamos hasta ahora. La poiesis, el trabajo de producción, exige de nosotros que desarrollemos, nuevos registros de sensibilidad que no estaban allí antes del trabajo. Esta transformación en la manera de habitar nuestro cuerpo pasa por la colonización de la subjetividad por el trabajo, fuera del tiempo del trabajo, hasta en los insomnios, incluso en la economía de las relaciones amorosas. Pero también en los sueños. Soñamos también con nuestro trabajo. Y es un tiempo importante que marca justamente la modificación del cuerpo con su propio cuerpo que exige la formacion de nuevas habilidades (00:50:03). El trabajo en el sueño es el tiempo para, gracias a la regresión formal, es uno de los cuatro elementos del trabajo del sueño, en la metapsicología del sueño de Freud. El trabajo del sueño entonces, gracias a la regresión formal, permite la transformación del cuerpo en subjetivo. Para demostrarlo, aquí hay que basarse sobre estudios de cuna psicoanalítica que no tengo tiempo de hablar hoy, pero hay estudios de este tipo que han sido publicados, sobre todo, en las últimas publicaciones de Topia. Entonces, aquellos que tengan dudas, podrán referirse a los análisis clínicos que están allí. A fuerza de trabajar la madera, el carpintero siempre la presencia, la huele con su olfato, con su tacto, y desarrolla registros de sensibilidad de madera que las otras personas ignoran. El marinero, a fuerza de pelear con las olas, siente el agua, las olas, el océano, con un placer que es ignorado por los demás. A fuerza de luchar con su instrumento, el violinista oye en el arte de otro virtuoso, sonoridades a las cuales el no habría tenido acceso, antes de haber estudiado él con su violín. Todo esto que acabo de decir, del trabajo de la materia, también es válido en el trabajo intelectual. Es con el cuerpo que el profesor siente, y sigue la escucha del público y ajusta su saber-hacer corporal que se llama actuar dramatúrgico para suscitar la atención. Con su cuerpo se siente afectivamente el contacto con los pacientes y adquirimos un conocimiento de su estado síquico, incluso, en etapas más intelectuales, la inteligencia se basa en un conocimiento por cuerpo. La manera en que el trabajo corriente convoca a la subjetividad, en el trabajador hábil, constituye el primer nivel de la sublimación gracias al cual la subjetividad puede hacer la diferencia extraordinaria de la ampliación, del crecimiento de sí. Aunque todo lo que tiene que ver con la relación individual a la tarea, aunque todo esto sea ya bastante complejo, limitarse a este análisis de la centralidad subjetiva del trabajo, es una simplificación injustificada. El trabajo, en efecto, implica también, en la mayoría de las situaciones comunes, una relación con el otro. Trabajamos para alguien, para un cliente, para un jefe, para los subordinados, para sus colegas. El trabajo implica también, a veces, lo colectivo cuando uno se centra en la cuestión cooperación. Y no la cooperación como actividad. Existe siempre un desfasaje entre la organización del trabajo prescripto, lo que designamos con el nombre de coordinación y la organización efectiva del trabajo que llamamos cooperación. Entonces, tarea/actividad, coordinación/cooperación. La cooperación es otra cosa, implica una reformulación consensual de la organización prescrita. Antes hablaba sobre el ejercito, de la interpretación de las ordenes, se trata entonces ahora de llegar a una interpretación compartida de las ordenes, para esto, aquellos que se esfuerzan por trabajar juntos en un colectivo o en un equipo, tienen que manipular, reformar las condiciones de las tareas, pero también las decisiones de las ordenes intentando reglas practicas, admitidas y respetadas por todos, sobre la manera de hacer trampas con la coordinación. Por razones de tiempo no puedo comentar aquí todos los eslabones intermedios de la construcción de la cooperación. Voy a señalar solamente que esto exige que se establezca entre los que trabajan, relaciones de confianza. Es la condición para que cada uno se atreva a mostrar a los otros como trabaja. Sin tener que, al revelar sus engaños, eso no recaiga en contra de él. La cooperación se basa sobre una actividad compleja de confrontación entre las diferentes maneras inteligentes de hacer trampas. Es una confrontación orientada hacia la búsqueda de acuerdos y consensos de lo que es más eficaz, de lo que lo es menos, de lo que está bien, de lo que está mal (01:00:02), lo que es justo o injusto. Es entonces una actividad de construcción, de acuerdos, y luego de articulación de varios acuerdos, que llamamos reglas. Entonces, es una actividad de construcción de reglas, sobre la manera de interpretar juntos las órdenes de las prescripciones. Podemos mostrar fácilmente, a partir del análisis del proceso de construcción de reglas, un punto importante: una regla no tiene solamente una vocación técnica, ella es al mismo tiempo y siempre, una regla social que organiza la civilidad y la vida común. Trabajar no es únicamente producir. También es vivir juntos. Las reglas del trabajo van siempre de la mano con un cierto saber-vivir y una cierta hospitalidad. A esta actividad de construcción de regla, que consume una gran parte de nuestro tiempo, por ejemplo en la sociedad del Psicoanalisis, se pasa mucho tiempo discutiendo reglas. A esta actividad entonces se le da el nombre de actividad deóntica[4]. Es una actividad que esta hacia arriba, antes, de la deontología. La deontología, es cuando a estas reglas, inventadas en la actividad deóntica común, ordinaria, pasan a ser mayoría. Pero en muchas actividades deónticas, que eso es muy noble, pero que quedan ahí, alejadas y ligadas a oficios. No hay colectivo, hablando propiamente, entonces, la noción misma de colectivo de trabajo, no hay colectivo sino cuando hay reglas, inventadas, que han sido inventadas por este colectivo, para organizar la actividad común. Sino no, no es un colectivo, es un grupo, o una masa, una multitud o una masa. Entonces las características, precisamente, es no haber construido reglas, la actividad deóntica forma parte del trabajo ordinario, común, y conduce a diferenciaciones a veces muy marcadas entre los equipos o entre los colectivos, entre los estilos de trabajo, y entre las escuelas. Como por ejemplo entre las escuelas de Psicoanalisis que se diferencian fundamentalmente por una construcción de reglas que no son las mismas y que en un momento dado exigen, la separación, para poder conservar la coherencia de reglas que sean respetadas por todos. Para poder cooperar hay que correr riesgos particularmente, el de manifestarse, mostrando lo que uno hace y decir lo que uno piensa. Eso es, correr riesgos. Y entonces por qué las personas que trabajan consienten en tomar riesgos en lugar de hacer todo el trabajo ordinario en huelga de celo, que sería más económico. Los que participan en la actividad deóntica, en la vida del colectivo y de la vida en común, aportan de hecho una contribución mayor para la cooperación. Y más allá, a la organización del trabajo, a la empresa o a la institución y, más allá aun, aportan una contribución a la sociedad. Si se implican de esta manera es porque a cambio de esta contribución, esperan una retribución. Ahora bien, la clínica del trabajo, es irrefutable en este punto, la retribución que moviliza a la mayoría de los trabajadores no es la retribución material. No quiere decir esto que no tenga importancia, por supuesto, pero no es el motor de la inteligencia. La retribución esperada es ante todo una retribución simbólica. Y su forma principal es lo que llamamos el reconocimiento. Donde en todo sentido el término reconocimiento tiene que ver con la gratitud por el servicio brindado pero también reconocimiento en el sentido de juicio sobre la calidad del trabajo realizado. El reconocimiento alcanza su dimensión simbólica solamente si es obtenida, si es conferido, según procedimientos cuyos criterios son muy precisos. Existen dos formas de juicio en el reconocimiento. El primero es un juicio de utilidad, se refiere a la utilidad económica sobre habilidad social o técnica de la contribución aportada por un trabajador a la organización del trabajo. Este juicio de utilidad es muy importante para el sujeto porque es lo que le confiere un status en la organización para la cual él trabaja, más allá de esto, le da también un status en la sociedad. Hay un autor que ustedes conocen sin dudas que habló mucho de esto, Robert Pastel, un sociólogo que ha sido traducido en Argentina, alrededor de la cuestión de la filiación social[5]. Y luego hay un segundo tipo de juicio que es el juicio de belleza, se enuncia siempre en términos estéticos, es un lindo trabajo, es una bella obra, es una experiencia, una demostración elegante, es una linda manera. El juicio de belleza connota generalmente la conformidad del trabajo cumplido con las reglas del arte o con las reglas del oficio. Este juicio no puede ser vertido sino por otro que conoce el arte desde el interior. Entonces el juicio de belleza es el juicio de los pares. Juicio de los colegas. Es el juicio mas celebre, es también el más apreciado, es el más severo y el más apreciado. Su impacto sobre la identidad es considerable. Reconocido por sus pares, un trabajador accede a la pertenencia, pertenece a un equipo, a un colectivo, a una comunidad de oficio. La pertenencia es aquello a través de lo cual, el trabajo permite conjurar la soledad. Se dice de una persona es “un piloto de caza” como tiene que ser un piloto de caza. Es “un investigador” como nosotros investigadores. Es un psicoanalista como los otros psicoanalistas. Y nosotros estamos muy pegados a este juicio. Cambia nuestra concepción de nosotros mismos. Existe un segundo aspecto del juicio de belleza que tiene que ver con el reconocimiento de los pares, de la originalidad. Es aun más apreciado, pero este segundo juicio de belleza no es posible si uno no ha logrado primero el anterior. Otra observación sobre el reconocimiento. Lo que es esperado por el trabajador, no es un juicio de utilidad ni de belleza, es que este juicio se refiere a la calidad de la prestación, sobre aquella del trabajo cumplido. No sobre mi persona. Lo que yo deseo es que reconozcan la calidad de mi hacer. Y es en un segundo tiempo, cuando yo puedo, pero depende de mí, repatriar el juicio del registro del hacer hacia el registro del ser o hacia el registro de la identidad. El reconocimiento de esta manera tiene un impacto considerable sobre la salud. Este acto de reconocimiento, es una parte esencial, el sufrimiento se transforma en placer en el trabajo. Estamos aquí muy lejos del masoquismo. Es decir, placer sacado por la erotización del sufrimiento. El camino que pasa por el reconocimiento es mucho más largo y no proviene de la coexitacion sexual. Depende del juicio del otro, el término enigmático de Freud, para calificar la Sublimación, estos términos toman con la Psicodinámica del trabajo una significación precisa. Cito a Freud: “es una simple especie de modificación del objetivo y de cambio del objeto, en la cual nuestra escala de valores sociales entra en línea de vuelta y con el nombre de sublimación”. En 1933, Nuevas Conferencias. La manera en que la escala de valores sociales entra en la línea de sublimación, parece pasar bien, con esos juicios de reconocimiento por los otros. La Psicodinámica del reconocimiento en el trabajo constituye el segundo nivel de la sublimación. E introduce aquí una nueva dimensión. El éxito de la sublimación depende en gran parte del juicio de los otros y del alerta de los pares. Mientras que en el primer nivel, el de la cuerpopriacion, es estrictamente intrasubjetivo. Para nosotros nuestros pacientes la identidad acelera la adolescencia es incierta, inacabada e inmadura. Por esto es que el trabajo, a través del reconocimiento constituye, en numerosos casos, una segunda chance con respecto a la construcción de la identidad y la salud mental.
Continuamos? (Tiene miedo que este muy largo). Continuamos un poquito más?
Voy a resumir el final. Que es bastante difícil. Desde hace algunos años, unos 20 años más o menos, en la organización del trabajo se introdujeron nuevos métodos que contribuyen a desestructurar la cooperación y los colectivos de trabajo. Y que desestructuran las lealtades y las confianzas entre los asalariados y que finalmente destruyen la solidaridad. El nuevo método, que juega el papel principal en esta evolución dramática es la evaluación individualizada de las performances. No tengo tiempo de desarrollarlo, entonces lo dejo de lado. Pero voy a retener un solo punto. Es que esta evaluación individualizada de los rendimientos, de la performance, asociada a otros dos métodos nuevos de los que no hablaré, introducen en el mundo del trabajo, practicas totalmente nuevas, que finalmente han llevado a cada uno a manejarse por su cuenta. Hay una competencia generalizada entre los asalariados, y esto conduce a una paradoja. El éxito de mi colega se convierte en una nueva forma de organización y un peligro para mí. Si son las líneas dentro mejor que el mío, van a licenciarme a mí primeramente. Se rompieron los resortes fundamentales de la cooperación. Pero además se ha introducido la deslealtad. Y la gente llevada a consentir prácticas que sin embargo su sentido moral reprueba. Es la característica del mundo del trabajo actual. No deberíamos tratar a nuestros colegas de esta manera pero lo hacemos de todas formas. Cuando el otro es víctima de acoso o de injusticia yo aprendo a no moverme y a dejar de ser. Hay muchas otras prácticas que el sentido moral reprueba y que tiene tendencia a generalizarse en el mundo del trabajo. Pero cuando aportamos a apoyar actos que moralmente reprobamos no solamente traicionamos a los otros, también hacemos la experiencia de la cobardía. Una nueva forma de la organización del trabajo nos lleva a convertirnos en personas cobardes, a no socorrer al otro, no hacer actos de solidaridad y al mismo tiempo lo que hago como experiencia es la de la traición de mi mismo como si yo no supiera que puedo hacer otra cosa. Comienza a partir de esta situación el campo que llamamos sufrimiento ético, es decir sufrimiento, que esta específicamente en relación con la experiencia de la traición de uno mismo. Al mismo tiempo que yo traiciono a los otros y me traiciono a mi mismo, traiciono también los ideales, traiciono los valores. Y cuestiono, desestabilizo o corro el riesgo de desestabilizar lo que proviene de la relación con el trabajo, la estima de sí mismo, y también este famoso sistema de valores, al que se refería Freud hace un rato. Es un ataque que ahora se enfrenta con el amor de uno mismo, el amor propio, y yo acepto consentir acciones que son deletéreas, por el narcisismo, para el narcisismo, y la base de la salud mental. Entonces, en la sublimación, hay un tercer nivel que hay que tomar en cuenta. Es la concepción de la sublimación para Freud, el cambio de objeto y el cambio de objetivos, de la ruse[6]. La renuncia a la satisfacción sexual de la pulsión, desemboca en una actividad de la que Freud dice que es socialmente valorizada. En el primer nivel de la sublimación, la cuerpopriacion, el segundo nivel de la sublimación que es el reconocimiento por los otros, no constituyen una garantía sobre la dimensión ética. Les dije sin embargo que en el juicio de reconocimiento la dimensión de los valores sociales, estaba implicada, es verdad. Pero los valores que están en cuestión, que es el reconocimiento, se refieren a la actividad de trabajo solamente, a ella misma, a la calidad del trabajo, a la utilidad del trabajo. Y puedo poner toda esta cooperación y beneficiarme con el reconocimiento de los otros en un trabajo que está muy bien hecho, pero que está al servicio de lo peor (pire). Puede ser un trabajo de calidad y sin embargo puede estar puesto al servicio de lo peor. Puedo, por ejemplo, hacer un muy buen trabajo de cuadro, ser eficaz para la empresa, estar reconocido por los otros, sobre la calidad de una comanda, mientras que en realidad estoy destruyendo a la gente. También puedo beneficiarme con un juicio de calidad, de un juicio de utilidad y de belleza, mientras que todo mi trabajo está dedicado al funcionamiento de los trenes que llevaban a los judíos a los campos de concentración. Entonces mientras el juicio de valor, se refiere a la calidad de la actividad del trabajo, no hay una garantía, que este trabajo este hecho al servicio del bien. Una vez dicho esto, los esfuerzos y el compromiso de la subjetividad, necesarios para obtener esta calidad del trabajo, individual y colectivo, provienen de la sublimación. Es el nivel de la sublimación que encontramos en todos los trabajadores, que tratan de hacer bien, en lo que podríamos llamar la sublimación ordinaria y sin esta sublimación ordinaria, no hay producción posible. Pero no es una garantía, que esta sublimación ordinaria, esté puesta al servicio del bien. De allí el tercer nivel de la sublimación que supone establecer ahora un lazo entre el trabajo ordinario y los valores del interés colectivo, de lo que llamamos el bien común, y lo que también llamamos de una manera más refinada, la “kultur”, es decir la acepción del término cultura en alemán, que contiene dos dimensiones, la cultura como actividad cultural pero también la civilización, es decir la civilidad y cierta calidad de vivir juntos. La cultura no cae del cielo, y el vivir juntos tampoco cae del cielo. Hay que intentarlos, reinventarlos. Y la cultura depende fundamentalmente de la posibilidad de mantener un lazo entre el trabajo ordinario con los primeros niveles de sublimación. Entonces el lazo entre el trabajo ordinario y cultura. Si la cultura es aquello en lo que sedimentan las obras de los hombres y de las mujeres, con el objetivo de honrar la vida, entonces, el lazo entre el trabajo ordinario y la cultura, le da a la sublimación un tercer nivel que refiere a los valores, relativo a la vida, la vida individual pero también la vida de la civilización. Hoy estamos en una situación trágica en la que el giro neoliberal rompe sistemáticamente la relación entre trabajo ordinario y cultura. Y lo rompe considerando que una empresa no debe funcionar más como antes. Antes las empresas estaban destinadas a producir un provecho, un beneficio, pero la empresa también tenía que dar justificaciones de lo que ella podía aportar a la sociedad, de lo que podía aportar a la cultura, y al desarrollo de la felicidad con, ciertas reservas. Pero era una exigencia, hasta hace algunos años, era una exigencia que las empresas justifiquen hacia el interior y hacia el exterior y hacia lo político que aportaban efectivamente algo, al bien común. Con el giro neoliberal, los dirigentes de empresa, rehúsan esta herencia, rechazan esta herencia y esta tradición, exigen que se rompa esta tradición y que se admita que la única razón de una empresa es fabricar provecho, beneficio. Es un cambio histórico fundamental y la ruptura del trabajo ordinario y la cultura se traduce hoy en día por el crecimiento fantástico del sufrimiento en el trabajo y de las patologías mentales de los trabajadores. Y el eslabón más trágico es el del sufrimiento ético. Para muchos de nosotros es insoportable aportar su contribución en nombre del dinero, a actos que moralmente reprobamos. Corremos el riesgo de arruinar las bases éticas de la moralidad y es en razón del sufrimiento ético que aparecieron nuevas patologías mentales y en particular el suicidio en el trabajo. El suicidio en el trabajo está ligado fundamentalmente al sufrimiento ético. Es una configuración totalmente nueva, antes se moría en el lugar del trabajo, pero era debido a enfermedades profesionales o de malas condiciones de trabajo, condiciones físicas, químicas o biológicas, o se moría debido a accidentes del trabajo. Hoy en día con los nuevos métodos de organización del trabajo, hay un cierto número de trabajadores, tanto hombres como mujeres, obreros o cuadros que ya no encuentran ninguna solución a su situación que no sea matarse en el lugar del trabajo, ante el conjunto de sus colegas. Entonces esta cuestión de la sublimación, que implica el mantenimiento del lazo entre el trabajo ordinario y la cultura, es lo que podríamos llamar la sublimación extraordinaria. Pero supone, entonces, que se sostenga efectivamente en los valores según los cuales el trabajo debía siempre ser puesto al servicio, del crecimiento de la subjetividad a nivel individual y en el crecimiento de la cultura a nivel colectivo. No quisiera terminar con una nota muy catastrófica. La evolución que conocemos hoy día no es fatal, podemos hacerlo de otra manera, principalmente por la siguiente razón: es que no podemos privarnos de la inteligencia de los hombres y de las mujeres porque el trabajo es y seguirá siendo siempre el medio para producir riqueza. Es posible a partir de este dato sobre la sublimación volver a decir las cosas en términos un poco diferentes, los empleadores no pueden privarse de la sublimación. La producción de los valores, la producción de un trabajo de calidad, exige fundamentalmente, la movilización de los procesos que están en causa en la sublimación. Es por eso que tenemos un margen para negociar con los dirigentes y negociar con el Estado. No hay ninguna fatalidad en la evolución actual. Seguramente vamos a volver sobre esto, luego, para la discusión con ustedes, o tal vez mañana en la continuación, de nuestro trabajo conjunto. Muchas gracias. (Aplausos de la sala llena durante 20 segundos). (1:43:52)



[1] deletéreo, a

1.        adj. Mortífero, venenoso:
el mercurio es deletéreo.

[2] bricolaje

1.        m. Realización artesanal de trabajos caseros de reparación o decoración:
está de moda comprar muebles de bricolaje.

[3] Michel Henry fue un filósofo y novelista francés, nacido en Vietnam (1922-2002). Desarrolla una filosofía de la afectividad profundamente original con la que se pretende llevar a término el proyecto de la fenomenología husserliana y de la ontología de Heidegger.
[4] Deontología (del griego δέον "debido" + λόγος "Tratado"; término introducido por Jeremy Bentham en su Deontology or the Science of Morality/Deontología o la ciencia de la moralidad, en 1834) hace referencia a la rama de la ética cuyo objeto de estudio son aquellos fundamentos del deber y las normas morales. Se refiere a un conjunto ordenado de deberes y obligaciones morales que tienen los profesionales de una determinada materia. La deontología es conocida también bajo el nombre de "teoría del deber" y, al lado de la axiología, es una de las dos ramas principales de la ética normativa
[5] La filiación social es un lazo existente entre un individuo joven de una
especie y uno, dos o más individuos adultos de la misma, por la cual éstos conviven
con él, asumiendo su tutela, crianza, alimentación e incorporación a la vida adulta.
[6] Acá no se si se trata de un autor o es la palabra francesa “rusé” que significa astucia, ardid, valerse de astucias.